Letras verdes y cosas así

ahora soy familia numerosa y no, no es por eso de me habitan multitudes

hay duendes en siberia? Julio 30, 2007

Guardado en: morado — nita @ 8:54 pm

yo no me llame siempre elena.
hubo un tiempo en que me llamaba como mi hermano

y las notas de por las mañanas se dirigian a mi madre y a ese chico, que oh sorpresa tuvo que llamarse elena…

luego después de la sorpresa, vinieron los paseos por el pasillo… elenita duermete, elenita mi vida duermete… dicen que los vecinos nos odiaban (eso claro esta, fue antes de descubrir los beneficios del chupete mojado en quiqui, en azuquiqui)

me parece que me he pasado la vida viviendo una pelicula en la que el resto del mundo eran solo extras, y ahora es como si me diera cuenta que las cosas que le suceden a otros son reales…

y a nosotros también, a todo el mundo le pilla en algun momento el lado real… hay días en los que solo quiero creerme que en Siberia hay duendes, hay días en los que daria cualquier cosa por volver a aquel pasillo, o incluso a los días en que me llamaba Hugo o Socrates (incluso antes de ser decididamente un nacho que iba a ser futbolista)

No se como explicar esto. O quizás si
Un montón de veces al día me siento como en un sueño (pesadilla precisa mi madre cuando se lo cuento), pero luego me doy cuenta que no

y quiero creer que las cosas que no hicimos y que las cosas que no pasaron viven en otro mundo paralelo… en uno en el que yo sigo convencida de que existen los duendes, en uno en el que no me siento (aunque sea por segundos diminutos) tan mayor…

porque aunque mi padre no lo sepa, aunque yo no sea capaz de explicarselo, no tengo más remedio que creer que existen duendes en siberia, y que un día iremos a verlos y que un día…

(en siberia los días van a pasar muy rápido, no como aqui que cada minuto dura dos)

 

cuentos Julio 24, 2007

Guardado en: morado — nita @ 9:47 pm

Han pasado tantas cosas que no puedo ordenarlas.

De repente el tiempo se paró, se congelo todo en una mañana, en un segundo.

Y no comimos gambas al ajillo y me di cuenta que la tristeza de verdad le borra los colores al mundo.

Pensé que iba a ser tan fácil como escribir un cuento, un cuento con final feliz, sólo tenía que ser como Némesis, esa niña que se empeño en tirar un árbol, ese árbol que no le dejaba crecer. A veces ahora me parece que Némesis ha crecido de golpe y tiene miedo, y vuelvo a ser ella y a dormir dentro del árbol y cada día lo miro por mi ventana y pienso que caera…El final feliz de Némesis es un final extraño.

Mientras leo otros blogs, espío la vida de personas que no me conocen, que no conozco y pienso sobre esto de la incomunicación, al final todos estamos encerrados en nuestro propio cuerpo, él solo esta un poco más y por las mañanas pienso en el día en que todo vuelva a ser como antes (pero no, no va a ser como antes, porque antes ya paso)

El cuento acaba así, un día Némesis oye un ruido enorme, enorme… y una luz amarilla, nueva y desconocida entra en su habitación, el pueblo entero se pregunta que ha sido pero ella sabe que es simplemente que por fín puede ser feliz…