¡orden en la sala! -gritaba la capataza de las lágrimas…. ¿pero, perooo, dónde se ha visto tal jaleo?
y las pobres obreras lágrimas completamente descontroladas y amotinadas…

¡orden en la sala! ¡¡estaros quietas que le inundáis el salón a la chica!!

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entre tanto motín y demás me he olvidado de que he soñado contigo, varias veces, has salido por el sueño y era un sueño muy bonito lleno de rayitas que sí que eran de verdad…y tú salias y no eras tú, pero sí..como siempre en los sueños.

Te imagino guiñando los ojos, haciendo fuerza desde las nubes para colarte en mis sueños de las 6 de la mañana. Sé que me cuidas, aunque no tenga ninguna razón para sostenerlo más que que soy totalmente incrédula del mundo, no me creo el mundo, nunca lo he hecho demasiado. Pero me creo el amor, lo creo con fe ciega, con la misma que tengo esperanza cuando ya no debería, con la misma con la que no cierro las ventanas hasta que llaman por teléfono y dicen ¡cierra la ventana, que hace frío! y entonces abro la puerta… Porque a cabezones no nos ganan, a llorones tampoco ¡¡ojo!!

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y ellas por su propia cuenta decidieron inundarle el salón, el jersey, los vaqueros, las alfombras nuevas y las gafas sin parabrisas. Ellas que bajaban calentitas por sus mejillas, tan distintas de las de ayer que salian disparadas y de colorines.
Las lágrimas también son de colores…

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