se congelan los besos, atrapados entre cuatro paredes

se pegan por la cama

por la cuna, esa que no usamos

por las cortinas, que cualquier día se caen

por mi pijama desparejado

dentro de la bolsa de patatas que ejerce de cena saludable

vuelan por el mapa y van a parar a la patagonia y a islas perdidas de groenlandia

hemos cogido un autobús noctángulo (pasa a veces), veniamos con la tripa llena de tortitas (las mías con sirope de fresa y las tuyas de arroz, no hay color, lo sé), con las mejillas rojas de frío… y al principio lo de siempre, te miran y dicen “qué guapo el niño” y tú tiras cosas al suelo y algún abuelillo se precipita a recogerlas (cualquier día se caen, se rompen algo y nos hacen responsables)…entonces me he fijado en la sra que te hablaba sin subir la voz, te hablaba cuando yo miraba por la ventana, bajito y sonriendo…

y de pronto lo he sentido, se parecía tanto a tu tía la rubia, he pensado en como te miraría, en las cosas que te diría, en lo mucho que te habría besado, abrazado, querido y disfrutado

cuando se ha bajado se ha puesto a nuestra altura en la ventana y te ha seguido diciendo adiós…

podría haber sido ella

porque en los bueses notáncgulos todo es posible

he pensado (por vez infinita en mi vida de pensamientos bucle) en esto de estar y no estar, en el cuchillo del mango blanco de la tía rubia y en el calcetín de tigre de missZ (los dos infiltrados en casa, los dos como testigos de que las cosas a veces nos sobrepasan) y he vuelto a querer hablar con missZ (y como soy absurda lo escribo aquí en mi caja de cristal, porque quizás lo lea y porque no estoy preparada, pero me hace feliz pensar que un día lo estaré y que se lo digo en código morse…

m.a.p  algun día nos daremos la mano…m.u.a

)

luego vuelvo a los besos

que andan revolucionados

castigados hoy sin salir a pasear, condensándose por las ventanas (no, que no es el frío, que es el amor deseo)

y te miro que duermes, te toco, te desabrigo un poco

sonrío a nada, a nadie

a ti

a mi

 

 

 

 

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