si los sueltas

los globos se van

¿poque? – pregunta ella, con su lengua pegajosilla

Porque el aire les lleva, arriba, arriba, arriba – le digo señalando el globo blanco que aún se ve encima de los edificios, hasta que ya dejamos de verle.

Me da un poquito de pena – concluye ella y me lo recuerda en algún otro momento del día. Hoy ese globo que ya no existe, sirve de metáfora a este blog silencioso.

A mi no me dan pena ya los globos, a pesar de que sé que no van al arcoiris, a pesar de que puedo contarle a J esa historia y creérmela, porque la magia y no mentir a los niños nunca han estado reñidas, yo no miento pero creo que la magia nos hace más felices… es como elegir llevar zapatillas negras o verdes, pues eso

y los globos, mejor que vuele, que dentro de casa huelen a plástico y te ves obligada a verles envejecer en una agonía de plastico pocho y chuchurrio, si mejor así

el día que perdiste un globo, J, yo perdí un miedo y me gané un poquito a mi y sonreí mucho, a mí, sobre todo a mí

me sonrío mucho por las mañanas, con el pelo este tan largo y enredado, con los ojillos de legañas (dormir 8 horas me basta para generar legañas), con tu hermano, el pececito con hipo, dentro…

Ponerse guapa, presumir para sufrir, no salir con el pelo así, no ir con manchas, ser educada, comportarse, limpiar mucho la casa…. mandatos divinos de tuabuela, de tu abuela que siente pena por cosas que yo no, angustia por otras que yo tampoco, porque sé que somos como ese globo tuyo… y no me da la gana ¿sabes? NO, me sonrío ante mi caos y pienso que nunca me he querido tanto ni tan bien como ahora.

 

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