hay lágrimas que me saben a llaves oxidadas, hay lágrimas que me abren agujeros

y me cuelo por el amor que no fue y por el que sí que fue, mientras (quizás) sonábamos el otro, se confunde la realidad con los recuerdos (y además me acuerdo que la realidad no existe demasiado, aquí pepita Grillo me regañaría y diría que sí, que mi realidad existe)

yo no soy maravillosa, no…no lo soy

y me saco mocos y los pego debajo de las mesas

lloro mucho, soy vaguilla, tengo incendios de corazón, nunca quiero recoger la mesa ni la cocina, no tiendo la ropa recta, se me dan fatal casi todos los deportes

no sabemos porque nos enamoramos de la gente

o si

primero es como que te encoñas, una corriente química puñetera y luego viene la pequeñez, esta cosa mia que me pasa cuando veo las pequeñeces ajenas, me enamoro de ellas, sin remedio

así me he enamorado de todas

por sus pequeñeces

hoy estaba muy contenta y me duermo llorando, con la boca llena de sabor metálico

si tú supieras – ha dicho ella

y yo, joder, no quiero saber nada, yo quiero dejar de dudar de que amor es lo que se hace con los ojos abiertos y la mano en el corazón

 

 

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