estas mismas que pisamos, todos los días

seguirán y no estaremos nosotras

casi siempre que vuelvo sola (pero con les niñes) y tarde a casa, me invade esta sensación triste/melancólica de estar en el barrio, volví hace 3 años, un poco antes de que naciera Y, me compré esta casa, J empezó el cole, muchas cosas que construyen un barrio, mi madre se mudó al lado y es un lujo que a veces molesta, pero que casi siempre reconozco como una suerte, el barrio sigue parecido a siempre, no muy limpio, no muy bonito y muy lleno de tiendas que cambian cada dos por tres, el barrio que a veces me recuerda a mi yo adolescente, a veces paso por el banco de invierno dónde hacíamos los recreos en COU y también por el banco de verano (en uno había sol y sombra, respectivamente), cuando me acerco a casa de tiam y miro su trocito de cielo (que es mi cementerio particular, donde ir a guiñarle un ojo al lele y a la yaya) me imagino asomada a la ventana, comiendo pan con azúcar y también si me esfuerzo un poco, veo a mi madre con mofletes, coletas y calcetines altos y a la tiam y a la tiarubia escondiendo tesoros (papeles brillantes de los caramelos) entre el barro (que yo ya conocí asfalto), en el portal que he conocido muy diferente puedo ver a mi padre y a mi madre besándose aprovechando cuando se apagaba la luz, por aquella calle la fábrica de patatas del abuelo y me acuerdo de la historia de cuando nacieron los mellizos de tiaT y él dijo “Dos!!!a quién se le ocurre, que mujer más ignorante”

Yo he construido unas rutas nuevas, el parque, al que no recuerdo haber ido yo de pequeña, pero al que Y y J irán hasta que se aburran, un día A perdió la cadena de bolitas y al día siguiente estaba allí (un milagro cotidiano), un día J y Y montaran por la pista (y alomejor yo también) sin rueditas y a lo loco.  Coger el bus a la quinta, donde quizás un día estén las cenizas de mi padre, la frutería de enfrente del cole, el super pequeño (y la cajera de los gatos que es apasionada de Egipto  y le cuenta a J cosas de faraones), el super grande (y la frutera que alucinaba con que Y tomara teta aún) y el super mediano, que a mi no me gusta pero A siempre acaba yendo y trayendo justo lo que falta. Nuestra casa que se ha ido llenando cada vez más, primero vino nuestro Y con su sonrisa permanente y con él las mantitas y los juguetes de chupar y tirar, que ya no nos valen, luego llego A primero un día si y otro no, luego un día sí y otro también, luego llegaron las gatas, con su imperio de silencio, tienen también sus lugares favoritos, A siempre encima de alguna ropa o bolso, C en lo alto del sofa o en su mansión, y los libros se multiplican por todos los rincones (y los zapatos y las pelusas). También conocemos a los vecinos y ellos a nosotras, somos muchos pero siempre coincidimos con algunos, el señor mayor tan amable, me recuerda a mi abuelo tanto que a veces me dan ganas de tocarle la mano, el cubano que llama a J “la rubia más guapa del edificio”, la vecina de los perros y la vecina sorda que nos mata de sustos cuando se asoma a la ventana (baja la persiana -dice siempre A  y yo siempre lo olvido). El bar de las bravas número 2, que sospecho nos va a gustar más que el número 1, ya le he dicho a V que lo hemos testado y que está muy bien.

Si voy por la calle de las tiendas, pienso en tiam. Mi tío tiró sus cenizas por la calle porque era por donde le gustaba pasear a ella y a mi me parece bonito, la calle A no es el mar o un lugar así, pero sé que a ella le habría gustado y se habría reído con su risa esa, la de ponerse roja “Aquí me habéis tirado entre el zara y el mercadona, a quién se le ocurre”

y vuelvo de noche, cansada, echando de menos a A, echando un poco de más a los niños (a los que les quedan 200 baterías de pila aún ), pensando en que por aquí quizás caminó mi madre hace mucho tiempo, pensando en qué recuerdos tendrán J y Y, odiaran el barrio como nocari? que se hizo hipster y se fue para no volver, se irán y volverán? Cuando vuelvan, estaremos nosotras todavía aquí?

A dice que le da igual el barrio donde vivir, mi madre siempre mira pisos para que yo me mude o para mudarse ella o para especular (como si pudiésemos o quisiésemos, que es lo último que me apetece a mi), me dice “uy tu piso ya vale mucho más” y yo pienso “claro, antes era un piso vacio y ahora tiene besos, llantos de bebé, risas, contracciones de parto, más risas, abrazos infinitos, muchos llantos, amor, deseo, sexo, fotografías, lentejas y arroz, tortitas!! paredes sucias de pintura y de vomitao (esto podíamos ahorrarlo, pero la verdad es que ahí está), más abrazos, risas, guerras de cojines y cosquillas, pinturas, dibujos, imanes en la nevera, listas que no se cumplen, menús de colegios que no se miran, carreras, pelotas, piezas de lego que seguirán apareciendo por los siglos de los siglos, ropita que ya se quedó pequeña, amor..

un día está casa será sin nosotras

y el barrio

y las tiendas

y el cielo ese loco y bonito de Madrid

un día será, deseo una vida bonita y verdadera para Y y J, también larga y sana, espero que un día recuerden ese piso pequeña en la que vivieron (no sé aún cuanto tiempo, quizás toda su vida hasta que decidan vivir juntos e invitarnos a arroz, como dice Y), que no hace falta que se acuerden de cuánto era la hipoteca o del color de la cocina (verde!) pero que se acuerden de lo demás, que recuerden quizás (aunque sea por que lo lean aquí) aquella cama que fue de 2, de 3 y de 4 y luego otra vez de 3 y espero que algún día,  de 2 de nuevo y que recuerden que jugábamos al tren por el salón y que la locomotora era el paquete de pañales, que recuerden las tardes de pintar camisetas con A y a J haciéndose la vivaldi (la vivalda ha dicho hoy Y)

Hoy me recuerdo a mi misma (para apachurrar un poco la tristineza esta que ha venido sin permiso o para reconciliarme con ella, quien sabe) que hasta cuando creo que no hago nada, hago esto

fabricaros recuerdos

 

 

 

 

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